Extraterrestre
Extraterrestre
Hacía una semana que había saltado
de la nave con la misión de informar desde La Tierra, a los compañeros alienígenas
del planeta intergaláctico del que procedía. Alfa era un artefacto de titanio con forma de naranja cuyos gajos
se impulsaban unos a otros haciéndolo rodar. Al desplazarse, emitía rayos
luminosos cuya intensidad y color variaban en función de los obstáculos que se
encontraba en el camino. Había sido programado para conocer los sentimientos
humanos y su forma de actuar. Lo que había visto en su estancia en el planeta
terrícola, no le gustaba. Ahora estaba en peligro, sus baterías se estaban agotando después de varios días sin carga. Debía
actuar con rapidez. Decidió acercarse a los terminales electrónicos que los humanos
tenían en sus hogares. La oportunidad se presentó por la mañana cuando la
familia abandonó la vivienda con destino desconocido. Salió de su escondite en
una zona retirada del jardín, rodó hacia
la casa medio apagado. La ya luz tenue del
gajo ocular, le indicó la presencia de
un perro que huyó espantado con el rabo entre las piernas al cruzarse con él.
Entró en el vestíbulo anulando la
alarma de la casa con un rayo láser
enfocado al cajetín. En la sala que se encontraba más cercana, rodó hacia un rincón donde sobre una mesa, se
estaba recargando un móvil. Lo desconectó accionando a modo de pinzas, dos gajos
prensiles y rápidamente se enchufó a la red sintiendo el placer de un yonqui al
picarse. Poco a poco fue quedándose
plácidamente conectado en modo hibernación a medida que la carga iba entrando
en sus circuitos.
Era noche cuando conexionó. Escuchó
voces humanas en otras habitaciones de la casa. Si los humanos se hacían con la base de datos
que llevaba en el núcleo, pondrían en peligro la misión interestelar. Tendría que
desconectarse y acabar allí. Qué manera más tonta, pensó. Cuando iba a poner en
marcha el proceso de desconexión, como un mártir pasaría a la historia de su
galaxia pensó, entraron en la habitación dos jóvenes que se quedaron mirándole fijamente.
-Vaya lámpara más llamativa ha
comprado la abuela, ¡que chula! Cada vez
está más excéntrica.
Pensando en huir, vio entrar en
la habitación una anciana que llevaba entre sus manos un paño que pasaba con
suavidad por los muebles. Se dirigió a su mesa y notó sobre si mismo la gamuza
y una nueva sensación muy agradable. El
placer que sintió hizo que su potencial lumínico se amortiguara y una luz más
suave convirtió aquel rincón de la sala en un espacio tranquillo y acogedor. La
anciana se sentó a su lado y abrió un libro cuyo título, Seres de otros mundos, ¿Existen? , hizo que se sintiera más cercano a ella.
La idea de escapar empezó a
resultarle agotadora. Pensó en la nave, en su planeta. Qué bien se está en ese rinconcito ¡Qué lejano le
parecía todo!...Estos humanos se mostraban inofensivos...Dirigió un rayo
luminoso hacia la página del libro de la abuela acompañándola en su lectura, Esta
le devolvió una mirada agradecida, dejó el libro sobre la mesa y le dio un
masaje con un antiséptico que olía muy bien.. De aquí no me muevo pensó al conectar con la energía universal que la vieja
dama expandía.
Pozuelo, 17 de Octubre de 2005
Aurora Cameselle
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